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David C. Robinson O.

(Panamá, 1960)

Autor: Henry A. Petrie
 

 

I

 

            David Classen Robinson Orobio, nació en la ciudad de Panamá un 9 de noviembre de 1960, biólogo y profesor de secundaria, con premios literarios en su país. Sus libros publicados: En las cosas del amor (Cuentos y relatos; 1991); Soledades pariendo (Poesía y prosa; 1995); La canción atrevida (Poesía; 1999); Vértigo (In ego volantis) (Cuentos; 2002); y recientemente, Alfaguara le publicó Soles de papel y tinta (2003), una compilación de cuentos de la más reciente generación de cuentistas panameños, donde debuta como antologador.

            Algunas de sus creaciones han sido incorporadas en las siguientes antologías nacionales: Soles de papel y tinta, que ya referimos; Panamá cuenta (2003), del destacado escritor y antologador Enrique Jaramillo Levi, en ocasión del centenario de la República de Panamá; Hasta el sol de mañana (cuentos, 1998), por la Fundación Signos; Afán que es una fiesta (poesía, 1995), publicada por el Instituto Nacional de Cultura de Panamá (INAC); El humo y la ceniza (antología acerca de la invasión norteamericana a Panamá; testimonio, poesía, ensayos y cuentos), publicada por Editorial Ondas en 1993; Intentemos la utopía (ensayos, 1991), publicada por el INAC.

 

II

 

Davin Robinson, como representante de una generación reciente de escritores panameños, ha hecho de su proceso evolutivo una constante didáctica para sí, que en gran medida se expresa en el conjunto de lo que hasta ahora lleva como obra publicada.

En su trayectoria literaria, encuentro dos momentos evolutivos o de crecimiento como poeta y escritor. El primero está determinado por la emersión hacia la luz pública, donde se enfrenta al juicio crítico de los lectores de su país. Es aquí donde ubico sus dos primerizas obras: En las cosas del amor y Soledades pariendo.

En las cosas del amor (Colección Nuevas Letras de Panamá, INAC; 1991), se reúnen cuentos y relatos escritos durante la década de los ochenta del siglo pasado. Encontramos al escritor en ciernes, con más instinto e intenciones que exigencias. Como narraciones van siguiendo el estilo característico en Las mil y una noches o El Decamerón, donde las historias se van sucediendo bajo el dominio de un tema general: el amor y sus diversas manifestaciones. Priman las frustraciones y los sinsabores. 

La obra está determinada y definida por cuatro narraciones que se desarrollan una tras otra, con las respectivas digresiones del narrador, ya sea para comentar o moralizar; una de éstas se divide en dos, intercalada por otra que establece su transición para luego ubicarnos en un tiempo futuro de la historia. Las narraciones no son tituladas, más bien van desarrollándose como inventario de situaciones amorosas, asistidas con frecuencia por la descripción.

Estos cuentos y relatos trabajan la obsesión por un amor hasta transformarse en patología; infidelidades que concluyen en venganzas y asesinatos; castigo que involucra al hijo nacido de la infidelidad y que es criado por el esposo engañado; amores que se pierden o toman otros rumbos y que producto de la terquedad, son reconquistados en tiempo y circunstancias distintas; o en caso contrario, amores que al término de cierto tiempo, se ven frustrados por el resentimiento y orgullo machista, entre otros.

           

            Soledades pariendo (1995) es su segundo libro que está dividido en dos grandes secciones: una de poesía y otra donde se conjuga la prosa poética y otros escritos a la manera de artículos o ensayos breves, algunos tienden hacia el relato o el cuento.

La actitud rebelde y la crítica social están de manifiesto en poemas como Aquí seguiré, Autorretrato, Bienaventuranzas y Nosotros; la atmósfera de soledad del poeta la encontramos en poemas como Entonces recuerdas..., Ese inmenso vacío, Esqueletos nocturnos; y la constancia del amor a la vida y a la poesía en los poemas Si me quitaran totalmente todo, Solo y Tú me recuerdas).

            Robinson nos entrega en este libro dos autorretratos donde se nos devela no sólo en sus características físicas o emotivas, sino en esa actitud rebelde innata en él, y a veces jocosa. Probablemente sean estas razones por la cual no lo invitan “a los bailes de disfraces”, porque “siempre insistiré en ir sin máscara”, nos dice. Y en el otro poema intitulado No puede (otro autorretrato) agrega: “Ni el semblante duro/ ni el cabello sin peinar/ tampoco la boca de sepulcros/ pueden resistir la fuerza de mi risa”. Y es cierto, la risa de David Robinson es peculiar, suena como trueno, surge intempestiva. Uno lo ve ahí, grandote, con su risa que ya les digo es de trueno, y podríamos no imaginarnos que de sus fibras sensibles han surgido versos como estos: “Estoy cansado/ y beso la Luna/ hundiéndome en su vientre” (Poema Anoche); o que haya parido ese tierno poema Preguntas a mamá, donde la inocencia y el vuelo libre infantil se confronta al mundo y sus temores; o el poema Esqueletos nocturnos donde nos dice: “La muerte sonrió/ cuando la soledad/ mordió mi ombligo”, en estos tres versos se sintetizan y conjugan el estado existencial y emotivo, lo circunstancial y el erotismo masculino. Pero a lo Rembrandt, el poeta Robinson insiste, quizá empujado por su propia búsqueda del alma, así como la captaba el pintor barroco holandés en sus retratos, y nos advierte: “Aquel a quien no le guste mi sonrisa de caries, se lo advierto, tendrá que pagarme la consulta con un dentista” (Dientes al frente), con el humor y la irreverencia propias de él. 

            Un poema que a mí me llamó mucho la atención fue Si me quitaran totalmente todo, por las pérdidas sucesivas en el ser humano, en el poeta que se reconoce así mismo, que contempla la posibilidad de ser despojado de su camisa, de su piel, de sus carnes, huesos, hasta ser despojado de la vida, a la que se aferra retando a la muerte: “Si me quitaran totalmente todo.../ por ejemplo... la vida.../ ¡ni muerto podrían quitarme la vida!”

            Después encontramos hermosas imágenes poéticas en prosas como: “Ningún fracaso es tan grande como romper el mar con la hoja de un arado” (Arar). Notaremos su profundidad filosófica. Pero atendamos esta otra: “Vieja abandonada... calva... Nadie desea oler el resuello proveniente de sus adentros... verla directa a los ojos es algo desagradable...” (La vieja), posible retrato del término o concepto Verdad en este tiempo.

 

III

 

            Luego tenemos un segundo momento de la evolución literaria de Robinson, donde se nos muestra más maduro y con mayor dominio de su oficio de escritor.

            La canción atrevida (Casa de las orquídeas; 1999) es su tercer libro que contiene 21 poemas en 52 páginas, donde el poeta no sólo nos entrega expectativas acerca de la relación de pareja, sino que se interna en el ser de la mujer que navega en su existencia y arremete contra los prejuicios sexistas y todo aquello que la condiciona y somete. Robinson cuestiona el machismo desde su condición de hombre y poetiza lo que existe de femenino en él. 

            Encuentro en este poemario dos grandes vertientes: la primera y determinante, donde la voz femenina destaca (poemas Jaguar de mis sábanas, No fue él quien me entregó las arras, Soy Eva, Al principio, Niño mío, Creo en ti deseo, Dios te salve la piel y Cariño tú eres mi amante); la otra vertiente es aquella donde el poema se reviste de la referencia bíblica o religiosa, la mayoría de corte amoroso y sensual (poemas Dios te salve piel, Creo en ti deseo, Al principio y Bienaventuradas).

En los poemas donde se asume y se manifiesta la voz femenina, adquiere fuerza la necesidad de ser, de realización, interpelando lo masculino y  reafirmándose en sus retos y formas de apreciar y vivir el mundo. Atendamos algunos versos representativos: “Mitiga mis deseos/ así como yo ahogo tu fuego”, y más adelante: “Arriésgate en las caricias/ descubre el oasis/ y siémbrame de gladiolos” (poema Niño mío), donde se demanda un amor que dé la espalda a la mojigatería, al pudor, que se torne libre, sin recatos hipócritas. En el poema Anoche, se disfruta la sensualidad y el momento íntimo del amor que no sólo son palabras, sino también gestos, sensaciones, placer: “Anoche/ en mis manos recorrieron las sendas/ del eréctil Edén”... “Anoche/ el granizo cubrió mi valle”. Y en el poema Creo en ti deseo, continúa esa misma vertiente y necesidad de darle voz a la mujer, donde se permite errar frente a los lamentos provenientes de alguna insatisfacción, veamos: “Y es que es mejor/ equivocarse/ que lamentarse/ por no atreverse”.

En cuanto a la soledad que embarga al poeta, a las ausencias que se padecen, Robinson nos lo manifiesta en el poema En mi pecho, donde se denota la ausencia del amor de una mujer, el anhelo por ella, a fin de que desaparezca la angustia de su pecho varonil, la necesidad de amar, el deseo: “En mi pecho/ pecho de Adán/ laten murciélagos de arena/ quirópteros angustiados/ por la ausencia de mi costilla”.

Y finalmente, la invocación religiosa llena de sensualidad y el rejuego sexual: “Bendita cada noche eres/ de aromas y explosiones”, y sigue: “Juega con nosotras/ ahora/ y en la hora/ del orgasmo/ amén” (Poema Dios te salve piel). El poemario cierra con Bienaventuradas, que constituye una especie de canto a la libertad femenina: “Bienaventuradas/ las que no disfrazan el deseo/ porque a ellas no les temblará la mirada”.

 

            Vértigo (Colección Cuadernos Marginales; Universidad Tecnológica de Panamá; 2001) es su cuarto libro publicado, donde el cuento se muestra más diáfano y con mayor dominio, con temáticas diversas. Cada cuento es una unidad en sí misma e independiente; reflejan las angustias de la existencia y del devenir humano, la crítica social, la pérdida de capacidades afectivas, el estrecho y denigrante concepto machista de sexualidad y las relaciones de pareja, entre otros. En total son 15 cuentos en 68 páginas. A este libro pertenecen los cuentos que han sido antologados en su país.

            Como para mí resulta intrascendente hacer clasificaciones de estilos y corrientes con relación a la cuentística universal, centraré mis comentarios en aquellos cuentos que considero objeto de mayor atención por sus tramas y temáticas.

            Los motivos de Castel (p. 11), es un cuento que sale del tradicional desenlace de una historia de romance, obsesión y celos enfermizos, que por lo general desembocan en muertes. No es este el caso. Al final, la amante que ejerce su libertad de bailar con quien le plazca, frustra las pretensiones criminales de su pareja con la gracia y picardía que le es innata: “aquella mirada insulsa repleta de tonterías”.

            El cuento Mailena Chérigo (p. 15), nombre también del personaje principal, está estructurado en tres tiempos distintos y narrado por tres voces diferentes, que a su vez se ubican como protagonistas, pero conservando como eje central de la trama al personaje, alrededor del cual, se van tejiendo los fragmentos de la historia, para dar lugar a un solo cuento.

            En El caso de la calle 14 (p. 39) tenemos un cuento de final abierto, sujeto a la interpretación del lector. Éste debe participar en la historia, especular, construir lo que sigue... quizá dándole otros giros que el autor no imaginó. El lector se ve atrapado desde el propio inicio, veamos: “ Frente a mis ojos se transformó, se convirtió en una especie de perro negro de enormes colmillos amarillos; sus patas, con enormes garras grises, estaban cubiertos de callos rosados y su cola verde parecía de rata”. Quien narra es un viejo que trata de convencernos que no está loco ni imaginando cosas.

            Desgarrante y doloroso, pero con profundo llamado a la conciencia por la condición humana de la humanidad, me pareció el cuento La plaga (p. 45), que tiene lugar en la Ciudad Menhir, en el año 2136. Aquí se desarrolla una plaga de singular características. Los personajes adquieren nombres poco comunes, aunque con roles conocidos: Silcon (jefe y estratega de los beligerantes), Nutbra (maestro y estudioso de la plaga) y Tedron (turista que termina sumándose a la defensa de la ciudad). Se escenifica una guerra a muerte contra la plaga hasta aniquilarla, pero es Tedron, el turista, quien fijándose en el cuerpo de un espécimen, descubre que se trataba de niños, “son sólo niños”, concluye.

            David Robinson, con su cuentario Vértigo, me parece que concluye una etapa importante en su vida como escritor; seguramente, en el futuro, se ha de ubicar este libro como referencia obligada de su trayectoria y crecimiento literario.

 

IV

 

            La publicación más reciente de Robinson es Soles de papel y tinta (Alfaguara, 2003), donde debuta como antologador y según Indira Moreno, directora de la revista ¡Panamá Vive!, “recoge el sentir de una época” y cuyas narraciones “están unidas por el reflejo de la sociedad panameña... por los diversos niveles de incertidumbre y la falta de identidad que caracteriza a dicha sociedad".

            Desde mi punto de vista, lo más importante en esta compilación -como la califica Jaramillo Levi- de 13 cuentos para igual número de autores, es su función demostrativa de la más inmediata expresión cuentística panameña, todos ellos nacidos en la segunda mitad del siglo pasado y que según el antologador, descollaron en los años noventa.

 

V

 

He pretendido hacer una digna presentación del amigo y escritor panameño David Robinson, a quien tenemos en esta tierra que vive riéndose de sus desgracias y pensando que con una erupción del Momotombo puedan cambiar muchas cosas en este paísito. He pretendido que se tenga una idea aproximada de su creación y crecimiento literario a la fecha, ubicándose como uno de esos inquietos y persistentes escritores jóvenes, por dejar huellas en el universo de la literatura panameña, de quien los nicaragüenses, con humildad, debemos extraer importantes aportes y experiencias, principalmente en la narrativa, y dentro de ésta, su rica tradición cuentística que tiene como exponente al maestro Rogelio Sinán.

 

Managua, 08 de febrero de 2004.

 

 

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