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Presentación
La realización de este espacio ha sido posible
gracias a la colaboración establecida entre, la “petada” leonesa, el doctor
Juan Centeno (miembro activo y productivo de la poetada
leonesa) y la Asociación para el Desarrollo Cultural CAMINO.
El objetivo de esta sección es de publicar la
poesía y la prosa de los poetas y escritores leoneses, como un espacio más que
abre CAMINO para promover los valores literarios y artísticos nacionales.
Esperamos poder ofrecerles en este espacio, una
entrega dinámica de la producción literaria del occidente de nuestro país.
Dr. Miguel Aragón López
Presidente - CAMINO
Poesía NUEVO FOTOS
No disponible por el momento.
Relato de Luis Alberto Tercero Silva
Operaciones
bancarias
Ya la noche asomaba su frescor especial de los
comienzos de mayo. La tierra estaba recién regada. El ambiente en la cantina
era bullicioso. Ignacio destapó la segunda media y la plática se puso cada vez
más interesante. Fernando comentaba vehemente sobre la última quiebra bancaria
fraudulenta en el país.
¾Vivimos en un mundo bizarro y
contradictorio, ¡qué país en el que vivimos!. Los
banqueros exigen garantías a sus clientes, pero ellos se hacen préstamos con
hipotecas que no valen nada; requieren honestidad de los prestatarios, pero
ellos usan despampanantemente el dinero del público que no tienen para pagar;
el pueblo les ha confiado su dinero a cambio de una esperanza fabricada en la
televisión; usan el sistema judicial para hundir a sus acreedores y lavar sus
robos mediante ardides tecnicistas...
¾Ignacio, ¿por qué estás tan callado?
¾interrumpió
Rodolfo…
¾Hombré, estaba
pensando precisamente en eso de los bancos. Yo creo que son unos jodidos…
¾¿Por qué? ¾volvió a
preguntar Rodolfo.
¾ Acabo de tener una experiencia
simpática. Resulta que se me venció el plazo para pagar un préstamo. Yo lo
garanticé con un Certificado de Depósito a Plazo con mil córdobas de valor por
encima de la deuda y pagadero el mismo día del vencimiento del préstamo...
La mesera
cortó con sus senos turgentes, apenas contenidos por un estraple
celeste marino, el espacio entre ellos y colocó las boquitas de vaho y conchas
rellenas en la mesa. Se sirvieron otro trago. Pidieron más limón y hielo.
¾¡Salud! ¾dijo
Fernando al mismo tiempo que levantaba su vaso mirando a la cara de Ignacio
primero y a la de Rodolfo después.
¾¡Salud! ¾contestaron los
otros al ritmo de los brazos que levantados hacia delante apuraban la copa.
Seguidamente
Ignacio carraspeó y continuó su relato:
¾Como no podía ir a hacer los
trámites el día previsto para cancelar el préstamo, llamé al oficial de
crédito que siempre me atiende y le pedí que cancelara la deuda con el dinero
del certificado y que me guardara el sobrante de la plata mientras llegaba a
recogerla.
¾Hombre, ¡Pero que buen servicio!,
¿te hicieron el favor, de verdad? ¾preguntó
nuevamente Rodolfo sorprendido.
¾¡Claro!, lo único fue que él hizo la
operación cinco días después que yo lo llamé y cuando me enseñó los
papeles, me cobraba intereses por cinco días extras por el préstamo, pero no
me pagaba los intereses que debía haber ganado con el certificado por esos
mismos días extras.
¾¿Y no le reclamaste? ¾Fernando reaccionó rápidamente.
¾Si hombre, pero el oficial de
crédito me explicó, con esa inmutabilidad que le confiere a los empleados
bancarios el cuello bien planchado y la corbata amarrada con nudo espléndido,
que así eran las reglas.
Hizo
silencio, bajó la cabeza un poco como recordando algo amargo... y prosiguió:
¾Pero eso no es todo… El colmo fue
que para retirar el sobrante de la plata del certificado tuve que esperar más
de una hora porque la encargada había salido a comer; nadie más me podía
atender… así que me bajé la chicha sentado en un elegante asiento,
tomándome
un cafecito, mientras veía en la pared verde oscuro de enfrente un gran
medallón en alto relieve, hecho de poroplast y
pintado en dorado, que decía: “Gracias
a usted estamos celebrando nuestro Décimo Aniversario”.
***************************
Relato de Luis
Alberto Tercero Espinoza
Un
viernes nublado
A Nadine
El
despertador sonó a las 6:30 de la mañana.
Pancho lo apagó de golpe y se enrolló entre las sábanas por un ratito
más antes de levantarse. Sus
pensamientos, lentamente volviendo a la vida, estaban dominados por un rostro
de tez blanca, ojos claros y sonrisa agradable. Miró el reloj: las 6:37. «Tres horas más –pensó–… no, no puedo ir, le
dije que no iba a ir».
Con esa idea
salió del cuarto, que alquilaba desde hacía más de un año, y paso a paso se
dirigió al baño. La mañana le pareció
más oscura de lo normal pero no se preocupó por descubrir si en realidad era
así o se lo imaginaba. Ese día quería estar ocupado y no pensar en nada más
que en su tesis –al menos, sobre eso le parecía tener control.
Dos horas
más tarde se fue a pie a la universidad para despejarse y comenzar el día con
algo de ejercicio. De ejercicio le
sirvió pero para despejarse no. Se
sentó junto a la fuente frente al edificio de Ingeniería; estaba apagada, sin
agua, triste también, con huellas de los torrentes que alegremente jugueteaban
la tarde anterior. Suspiró y le pareció
tener al frente un holograma suyo con ella.
Sí, cada uno de los rasgos y esa figura que había memorizado en los
últimos días y semanas estaba ahí; casi vivos pero de
alguna forma transparentes. «Bueno –se
dijo– es hora de trabajar».
En la
biblioteca era un día común y corriente –gente leyendo, otros haciendo tareas
y otros “socando” para uno u otro examen.
Todo estaba normal y así debía ser.
Hasta ahora la mañana era igual a cualquier otra: la había visto la
noche anterior, un ratito, y el recuerdo del encuentro todavía estaba
fresco. Todavía le quedaban varias
horas antes de que su deseo de verla se convirtiera en realidad, cuando
terminara sus lecturas del día y escribiera un par de páginas… entonces podría
verla… suspiró… No, ¡no podría verla más! Miró el reloj, eran casi las nueve y
cuarto. «Ya debe estar por montarse en
el avión, ahora aunque corriera no llegaría a tiempo… ¡Quién me manda a ir a fiestas con
extranjeros! Tarde o temprano se van de regreso a la vida que dejaron».
En realidad
la idea no le había parecido mala, conocer chavalas bonitas que se irían
pronto y lo dejarían en paz; chavalas con quien salir, sin necesidad del
correteo que requieren las latinas. Así, rápido, no podría enamorarse…
Por la
tarde, después de un par de clases, un almuerzo apurado, mucha lectura y poca
escritura, se dio cuenta de que en realidad no había pensado mucho en ella
desde en la mañana. «Hmmmm, me sienta bien estar ocupado». Y con eso en la cabeza se fue a buscar qué
cenar –tenía hambre. Había encontrado
la solución a su problema: mientras estuviera ocupado no se acordaría de ella;
y de paso también avanzaría en su tesis.
¡Era perfecto! «Me levanto
temprano mañana, voy a clase y listo.
Ahora es solo cosa de ver qué hago hoy en la noche».
Caminó un
par de pasos, se detuvo, suspiró y siguió caminando. «¡Mañana es
sábado!».
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Relato de
Juan Centeno, médico leonés.
Pablo despertó aquella mañana de diciembre con el mismo
ruido que hacía la gente del mercado. Se sentó al borde de la cama y le pidió
a Dios que lo cuidara ese día. El no era un hombre religioso, pero desde
pequeño su madre lo llevaba a la iglesia bautista donde aprendió a no
arrodillarse ante las imágenes ni a creer en los santos. Por eso se enojaba y
profería insultos contra el alcalde cuando se enteraba que de los impuestos se
compraba la pólvora para las festividades de los católicos o cuando a la
medianoche era despertado por el sonido incesante de una sirena, entonces se
agarraba los cabellos y gritaba:
--Va entrando la virgen ¡ Va entrando la virgen ¡
Ya no se diga cuando saltaba de la cama a las cuatro de
la madrugada asustado por las veinti-tantas detonaciones
en honor a la virgen, que hacían caer en su rostro puños de arena del cerro
negro que aún quedaban en el techo de su casa. Cuando terminó la oración se
metió al baño. Llevaba siempre su pequeño radio para oír las noticias de la
mañana.
Aquel hombre
llamado Pablo tenía 40 años y una especial relación con Dios. Se dirigía a él
como a un viejo amigo y le pedía ayuda para todo lo que debía hacer cada día,
desde encontrar un taxi al salir a la puerta hasta rogar encarecidamente que
al bajar no estuviera lloviendo. En más de una ocasión, cuando Pablo tenía una
cita de amor, le pedía a Dios no desbordarse al primer intento o encontrar los
puntos más excitantes en su pareja y dejar a su amante complacida tras los
estertores de la pasión. Así era Pablo de amigo con Dios y Dios le entendía y
le ayudaba a cumplir sus deseos, total era por una buena causa.
Esa mañana, Pablo salió de la ducha con la plena
confianza que contaba con la protección del altísimo. Se marchó al trabajo. A
la hora del café como era la costumbre, los empleados conversaron
sigilosamente sobre el último escándalo de corrupción del gobierno, luego todo transcurrió con la normalidad de
siempre. Al llegar las cinco de la tarde, el viejo reloj anunció el final de
la jornada de trabajo. Los amigos de Pablo hacían planes pues era viernes y
había que empezar temprano el fin de semana. Pablo se unió al grupo, no sin
antes pedir a Dios que le fuera bien en aquella jornada de tragos y diversión.
Más tarde la noche se fue haciendo vieja y casi al amanecer los amigos dejaron
a Pablo cerca de su casa. Con paso tambaleante fue buscando las referencias
necesarias para orientarse y poder llegar. Cuando estaba a una cuadra de su
destino, un grupo de maleantes lo interceptó; lo despojaron de su cartera, el
reloj, los zapatos... y como los borrachos son valientes se quiso defender de
tal agresión. Un helado cuchillo se hundió varias veces en su abdomen, al
final quedó tirado en la calle sintiendo que la vida se le escapaba poco a
poco y peor aún, abandonado por Dios.
Un mes
después, Pablo aún no se acostumbraba a defecar por aquel orificio que
conectaba a una bolsa plástica, pero no le importaba, a fin de cuentas seguía
vivo. Además, al momento de la operación los cirujanos extirparon de su
intestino una masa que resultó ser un tumor maligno, descubierto a tiempo
gracias a la puñalada que recibió aquella noche. Cuando le dieron la noticia,
miró al techo, guiñó un ojo agradeciéndole a Dios – su cómplice – y acarició
suavemente el cabello de Maria Eugenia, la más bella enfermera del hospital de
León, mientras sonreía y pensaba: ¡Qué maravillosa es la vida y que
sorprendentes son los caminos del señor!
No disponible por el momento.
Fotografías de León
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Presentación de “Gritos de nuevas voces” en León
Poeta Denis Pichardo discursando
Organizadores
del evento
Organizadores
del evento y autores
La poetada leonesa en un taller impartido por el Dr. Ramírez
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