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Nació en Managua, Nicaragua una
mañana de verano de 1971. A la edad de
11 años, junto a sus progenitores, salió del país por circunstancias que
determinaron la década de los ochenta, estableciéndose finalmente en la ciudad
de San José, Costa Rica. Se graduó de economista en la Universidad de aquel
país y actualmente se dedica a la docencia universitaria en esta rama del
conocimiento.
Nunca ha dejado de identificarse con sus raíces y en particular con la
poesía y la literatura nicaragüense. La diáspora nicaragüense le ha ayudado a
crecer y saber reconocer los valores culturales de su patria. Soltero y sin
descendencia.
CAMINO en su esfuerzo por dar a conocer a nuevos valores de la literatura
nicaragüense y centroamericana, se place en presentar algunas piezas de su
creación poética.
A los sueños y algún detonante...
Como
fragancia madura
que se destila en la oscuridad de
los sueños
vas erigiendo poco a poco el
camino
por donde recorren los
confusos momentos,
formados en la embriaguez de la
memoria,
alimentados por el abrazo
inevitable de los hechos.
Con ellos llegamos a la raíz de
ese universo
y plasmamos nuestras locas
emociones
mostrando al viento solar las
verdes esperanzas.
Caminamos en
las tardes de luna llena,
evitando despertar nuestras risas
de infante
que dormita sobre las terrazas de
las casas extranjeras
y con la complicidad de la mirada
de los muertos
sembramos por fin
el maíz sabio
sobre las cumbres de los
rascacielos;
germinará hinchado de niños
mestizos,
marcando sus manos sobre las
paredes de nuestros temores,
viendo el horizonte sobre la cima
de los fracasos de sus gestores
como señalando el horizonte de la
bienaventuranza.
¡Está de
más!,
declamarte
en estas palabras que entraste a la mente,
por el puente acuífero de los
ojos,
los cuales hambrientos
volverán a encontrarte
una mañana
madura
que tragará tu luz nuevamente
hasta que mi vista se canse por
siempre...
aprisionada...
repitiéndose el ciclo
otras tantas
veces...
... Hasta
que la rueda de la vida
por fin sangre y llore su
desgaste...
Puntarenas, Costa Rica
28 de septiembre de 2002
Hoy la abundancia se alejo de mí
se
saltó la ventana
y huyó sudorosa por los caminos del
jardín
pisando rosas, destruyendo ilusiones
dejó la puerta abierta
invitando
maliciosa,
y
enamorada,
a la esperanza.
Hoy, estoy aquí,
solo.
Viendo a la ventana
me he sentado a entender el coloquio de
los pájaros
y las canciones del viento
despidiéndome del sol,
esperando la compañía de la brisa
y su grata frescura.
En la soledad de mi sala,
he querido sacar una hamaca
a tu conciencia
y una mecedora a tu alma.
Hoy no tengo un trago
que compartirte,
carezco de una simple botana;
acudo, así,
a la inmensa capacidad del
amor,
a la piedad que fluye en vos,
esa que protectora
me habita como un dije
estampado con letras de tu cariño.
Las nimiedades de mi vida
me han dejado sólo esto:
un lápiz atado a un anciano papel
conque edificar mi mundo
a partir del vacío de la nostalgia
con los materiales de la fe
y las
circunstancias.
Los días que han saltado
los eslabones de mi piel,
me regalaron la inmensidad
del azul Pacífico
cundido de extrañas especies,
que al navegar se forman
imágenes de encendidos colores;
así,
como las conclusiones
de mis inquietas reflexiones;
habitando entre ellas,
unas marchitas y otras tiernas,
tan ambiguamente perfectas,
como límite de la oscuridad lejana
y los rayos del alba.
Desnudar mis ideas...
¡Titánica tarea!
más aún,
descarnarlas de las pasiones
para que vayan puras,
carentes de subjetivas intenciones
sobre este papel marchito,
amarillo por el tiempo.
Te juro entregarlo sin huellas
de mi sangre...
absorto del momento...
Y aunque mis heridas palabras
se plasmen en mis dedos,
¡no te preocupes!,
que entregaré mi mano franca
lavada con lágrimas de exilio
delicadamente perfumadas
con las rosas paridas de
nuestro idilio.
Carecen de sentido los lujos
en este espacio,
si me acompañas,
si me regalas tus oídos
y sos la conciencia de mis inquietudes,
y de los inevitables cuestionamientos
acumulados
en los silos de la memoria
que habitan desde mi nacimiento.
Ayúdame con tu presencia
a comprender la maldad
camuflada en claveles;
a alertar el cinismo del terco aquel
que no entiende su estupidez;
a reconocer la mentira que cunde
tras el halago,
y la "justicia" falsa
del "piadoso" revolucionario.
Mis inquietudes y protestas
yacen desde mi pecho de infante
como un volcán que vomita
desespero;
tienen en su labrar
30 lunas su Universo,
errante como el viento,
como los pies de mis ancestros...
Plasmarte mis dudas
que ahogan mi existencia
sobre este papel marchito
a la velocidad del viento,
en alguna callejuela de Estambul,
en la aridez del Sinaí
o en la fluvialidad de Manaus,
o simplemente,
me deja aquí
frente a la planicie de tus ojos
viendo tu
reflejo
cuando calmas dulcemente mis
enojos.
¡Cómo se funde la
mar sobre tus ojos!
por las
colinas rojas de tus mejillas,
como marcando la ruta eterna
que traza inclemente
el destino.
Un camino irregular,
así es tu vida,
cual empedradas calles que avizoré
desde los sueños de niño.
Es la ruta desconocida,
donde recojo las caracolas marinas
trituradas por miles de sandalias
que han dejado su eco
en el camino.
Esas huellas
que siguen el velo de tu viento,
paridas en el Oriente
refrescan mi piel
cada vez que los poros,
sonrientes,
reconocen la voz que mima con
tu arrullo.
En mi éxodo,
sudoroso,
he encontrado olivos,
duraznos,
limones maduros
y olores de verdes naranjos,
señalando gentiles,
cada vez más fuertes,
allende de las montañas,
las laderas que atraparon
tus primeros llantos,
hace treinta años.
Y a pesar de que ya mis
pasos ligeros
han recorrido buena parte de tu camino,
hay una trocha que me impide
trovar con mis letras tu
profundidad,
donde escucho tras el bosque maduro
los quejares mezclados de risas flagrantes,
que hablan de un pasado que ignoro
y que esquivas tanto...
La maldita impotencia
obliga
buscar el consuelo
en la prisión de mis labios,
crucificados por mis celos;
mientras inconsciente,
baja por mi garganta,
silencioso,
un arroyo con sabor a luna llena...
Consolando el temor
de saber la verdadera historia...
de la cual
quizás,
nunca entenderé,
o más nunca sabré.
Solo sé...
al pasar por ese camino,
lo he mirado inquieto,
cabizbajo y momentáneo,
con los mismos ojos
llenos de la sal
de tu Mediterráneo...
* Estas letras fueron acompañadas con la canción
“Mi Mujer”
de J. M.Serrat
Puntarenas, Costa Rica
25 de Junio de 2002.
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Última
actualización: 18/11/2002