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Nació
en Nandaime, Granada, el 20 de julio de 1953. Maestra y directora del Centro
Escolar Autónomo Carmela Noguera, Nandaime. Se graduó de maestra en 1973 en la
escuela Normal de San Marcos. Cuenta con un curso de Gerencia en la Universidad
Thomas Moore. Actualmente estudia literatura en la UNAN. Madre de tres hijos,
uno de los cuales es también novel escritor.
A los
veinticinco años le devino la expresión poética y la escritura de cuentos
infantiles. Su producción actual es suficiente como para conformar una colección
de cuentos y un poemario. En 1997 publica el cuento “La fiesta” en la revista
Maestros, lo que constituye su única experiencia en materia de publicación.
La
Asociación para el Desarrollo Cultural CAMINO publicó su cuento “La dama de los
pájaros”, en la obra colectiva “Grito de nuevas voces –
primera entrega”.
NO
DISPONIBLE POR EL MOMENTO.
En, Grito de
Nuevas Voces – primera entrega.
La dama de los pájaros
Era una linda casita rodeada de árboles. En el
centro un hermoso jardín lleno de flores: lirios, azucenas, rosas de todos los
colores. Parecía que el arco iris nacía precisamente ahí, en el jardín de dona
Ana.
Ella se levantaba muy de mañanita, iba al pozo y
sacaba su agua fresca y cristalina con la que regaba sus planta, flores y…
colocaba pecunias raciones en tacitas, que luego ubicaba en las ramas de los
árboles –principalmente frutales– con
granitos de arroz.
Qué gozo sentía cuando una bandada de pájaros volaba
directo a las tacitas! Revoloteaban jubilosos y sus trinos se escuchaban en el
jardín como orquesta. La música llegaba a los oídos de dona Ana como regalo,
invadía felizmente el ambiente y espíritu de su casa.
Durante el día revisaba las tacitas, llenaba las
vacías, cambiaba el agua de otras.
― No han venido los gorriones… –decía,
y así transcurrían los días.
Los pájaros conocían a dona Ana, era su amiga. Cuando
salía al patio volaban a su alrededor.
― Bueno días! Hola, palomitas de San Nicolás!
Hola Chocoyitos! Como están? –conversaba con los pájaros como si fuesen
personas; incluso si algunos llegaba herido por la honda cruel de un niño vago
y travieso, dona Ana los curaba.
Un día, que tragedia!, murio dona Ana.
― Como palomita –comentaban
los vecinos–, sin dolor, sin enfermedad. La encontraron
muerta en el centro del jardín, como dormida, parecía sonreír.
La velaron en su casa rodeada de amigos, vecinos y
familiares.
La mañana siguiente sucedió algo extraño, la
algarabía y el trinar de los pájaros no se escucho, el jardín amaneció en
completo silencio, incluso las flores parecían mustias y tristes, no había
color ni alegría en el triste jardín.
Por la tarde fue el entierro, todos marcharon en
completo silencio. El cortejo llego al cementerio y al momento de cerrar su
tumba, su nieta, la niña mas pequeña gritó:
― Vean los pájaros!
En efecto, una bandada de pájaros nublando el cielo
azul, revolotearon muy abajo, sobre la tumba de dona Ana; sus trinos eran
tristes, muy tristes, casi un lamento.
La tumba se cerro, la gente se marcho, pero los
pájaros no.
Desde ese DIA en el jardín de dona Ana no hay mas
trinos, no hay mas pájaros.
― En el cementerio –cuenta
el sepulturero– todas las mañanas llegan muchos pájaros,
vuelan y cantan alrededor de ésta tumba, la de dona Ana. Sus trinos se escuchan
a los lejos, son como voces que elevan al cielo una oración por su dama.
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No disponible
Ultima
actualización: 22/03/2002