|
|||||||
|
|
|
|||||
|
|
|||||||
Edgard Escobar Barba, tiene menciones y premios en cuento, minicuento, cuento infantil, poesía y ensayo. Periodista,
promotor cultural, escritor e investigador. Su nacionalidad es una:
mesoamericana. Soltero, católico. Crea el grupo Contracara,
en Masaya. Coordina talleres literarios de la palabra. Ha publicado en
periódicos y revistas nacionales o marginales en México, Guadalajara, Guatemala
y Nicaragua. Tiene su programa sabatino en Radio Masaya: Inquietudes de
Juventud.
NO
DISPONIBLE
INMORTALITO
Se creía inmortal y de pronto el eclipse le hizo saber que no llegaba ni a
arena.
INCOGNITA
Desesperado dijo Dios: - ¿Dónde, dónde está Dios? Dedicado a Ricardo Arguello.
CATARSIS
Después de mal decir con sus ojos su casa y con esto encenderla, de enseguida
escupirle hasta las cenizas y vituperar los huesos familiares, fue llevada, sin
fuerzas, nuevamente a su único hogar.
VERDUGA
La mayor venganza, querida, es no nombrarte.
VENGATIVA
Desahuciada y vieja, la viuda negra se enrolló en su propio tejido de araña y
pensó en terribles pesadillas con Aracné y Penélope.
EL VIRUS DEL YO
Una hoja escrita donde al leerla te contagia la nocturna nostalgia y al volver
a releerla nada existe porque nada dice tu memoria nada fue escrito, dice: y
crees vos que empezás a escribirla.
DE FIEBRES
La fiebre era alarmante. Vio demonios huele-pegas, ahuizotes espinándole la
conciencia, se le aparecieron los duendes pandilleros, las zippez
prostitutas, y las ceguas travestis.
Pasada la crisis pidió un vaso con agua y le trajeron un vino alimentado con
anfetaminas, crac, marihuana, la rechazó y dijo maldiciones para que se
desaparecieran hasta los que más gozaban los hombres cerdos con sus tridentes
en las manos.
Le volvieron a traer ese vaso y se dio cuenta que se había ido la fiebre, pero
seguía exudando pesadillas.
AIRE
Para que le creyeran, cruzó la puerta y se metió al ombligo. Los médicos no se
explicaban de tu embarazo, embarazo de aire, mal aire.
AMORES
Le vi la mirada de fuego, ahora, son de ceniza.
CANIBAL
Amaba tanto a la muerte que el mismo asceta la devoró para que nadie supiera su
suerte.
ECO
Buscando un eco, susurró melodías nuevas, siderales. Lo hizo frente a un
imaginario espejo. Comenzó a desvestirse, se supo bello y bella, cerró los ojos
para contemplarse desnuda y continuó quitándose la piel y enseguida los huesos
mismos que enrolló como papiro para enrollarlo y contuviera las vísceras y los
huesos.
Cuando el antropólogo encontró en el año 3 mil dicha tumba, murió de espanto,
al parecer, por oír algo ya imposible, oír sentimientos, que otros llamaron
cantos de sirena.
E-mail: eeb@cm.bcn.gob.ni
Última
actualización: 18/11/2002