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Su pensar poético figura en el
libro de la escritora Marisella Quintana, y el
escritor Róger Mendienta
Alfaro le dedicó una narrativa en su último libro publicado recientemente.
Procede de una familia trabajadora y destacada dentro de la historia
política de Nicaragua. Su padre es un conocido narrador de anécdotas y leyendas
nicaragüenses y su madre poseía el “Don de cantar”. Ellos
le inculcaron el amor por la literatura, lo que la llevó a leer desde
que era muy niña sobre la historia universal, a grandes autores como Homero,
Isaac, Martí, Borges, Juana Inés de la Cruz, Neruda, García Márquez, Benedetti, Hemingway, Tolstoi, Lorca, Cabrales, Rubén Darío... y a los escritores contemporáneos
nicaragüenses como Pablo Antonio Cuadra, Ernesto Cardenal, Sergio Ramírez, Gioconda Belli, Yolanda Blanco, Christian Santos, Vidaluz
Meneses, Carlos Tunnermann, Lizandro
Chávez, Róger Mendieta
Alfaro, María Teresa Sánchez, Isolda Hurtado, Blanca
Castellón y muchos otros más.
Ha sido presentada como “dueña de una poesía que rompe todas las barreras y
nos introduce hacia un mundo fantástico y delicado a la vez. Poesía y amor,
amor y poesía son en Ninozka, asidero de su
inspiración”.
“Expresar a
través de mis palabras, los sentimientos encontrados del amor y el realismo, el
misterio, la tristeza, la ficción y hasta la muerte, pero sobre todo, hablar
del Amor, en todas sus facetas, ya que no existiríamos en el mundo sin el
Amor”.
Últimos envíos:
(Prosa)
Palabras sobran
cuando cubre nuestros cuerpos el silencio. Tan significativo es tomarnos de las
manos, mirarnos a los ojos y aunar nuestras almas en una sola.
¿Porqué
palabras, porqué razones?, si en ese instante carecen de importancia.
Amo las noches
tibias y serenas y el plácido término de una tarde sobre el mar. Amo también la
alegría de vivir. De gozar un amanecer brillante y soleado que revive la
impetuosidad de mi sangre.
¿Te imaginas
amor mío, cuán especial sería caminar, dialogando en silencio? Recibir en
nuestros rostros la cálida brisa, el suave calor del atardecer y enlazadas como
enredadera nuestras manos, en único sentimiento…en silencio?
al buey
Araba el indio broznamente
el surco,
y viose
brotar el trigo
de cimientes sanas
silenciosamente.
Madre naturaleza,
que en tu creación versátil
nos dás las
sorpresas
del Burí de
Filipinas
en figura de Parasol.
O cual bujarasol,
higo de Murcia,
de carnes rosadas
y apetitosas.
Frutos, flores y hojas
naturaleza toda,
ya fresca o reseca
verde o lujuriosa,
son Dones Omnipotentes
creados en formas
ambiguas
desde eras antiguas,
para que la humanidad
las use, las goce
y las contemple.
Noche del
19 de octubre de 1989.
El
Teatro “Rubén Darío”
se vistió de gala para escuchar
al Solista cubano Miguel Villafruela
inspirado con el Saxofón.
El concierto de
elegancia sin par,
hizo que
muchas mentes
escucharan
complacientes
la
gracia en Mi-Bemol
del
Saxofón.
Comenzó con Haydeé,
continuó con
Mozart.
Y a la par
virtuosa
de la
música orquestal,
Beatríz
Corona, de allende el mar,
esgrimió
voluptuosa
en sus
manos aladas
la
batuta imperiosa
que
arrancaba las notas
al Saxo,
a los de cuerda y viento
haciéndolos
vibrar.
Fue una noche
memorable
difícil de
olvidar,
donde mis
ojos al recordar
orbitan
ensimismados
cuando
escucho mentalmente
el
éxtasis musical
del
Saxofón
en
Mi-Bemol.
envuelta en
mi negligeé rojo fuego,
orlada de
verde y brillante rocío,
vaselina
recién untada entre mis flores
después del
aguacero de anoche.
Desde la altura
en que vivo
disfruto del
caliente sol
y vivo
al viento mi intimidad
que
estremece mis estambres,
que
provoca mis pistilos,
y
lanza mi polen por la tierra.
Donde me ven,
tengo muchos amigos
que a
diario me visitan
con sus
trinos, cotorreos
y
graznidos.
Y hasta un almidonado
cuervo
que se
cree gran barítono
me
pica, parlotea y besa
desenfrenado con
su negro pico.
No necesito
aguzar mis ojos
para
otear el horizonte
en
donde mi amigo el sol
se
revuelca celoso,
porque
sabe que a esta Malinche
al
llegar el anochecer,
los
luceros y el viento
le darán
su Amor.
Garza morena
con zarcillos
de oro,
garganta
esplendorosa
pico de rosa.
Posees la gracia
del Lirio de
pantanos
y el Loto
que aroma
y canta
y rumora
en las aguas
del Nilo.
Bambú balanceante
en cáscara
de seda
roja del Río
San Juan.
En tus ojos campean
nobles
pensamientos,
que a tu vida
rodean
de dulces
sentimientos.
Que la vida te de alegría
y
sabiduría.
Un poquito de vanidad
para expresar
tu talento y
belleza.
Pero no pierdas
la cabeza
por ellas:
soberbia,
envidia y
tristeza.
Tu corazón ha de vivir,
y cuando
menos esperes
alguien te hará
llorar.
Pero no te desesperes,
porque a Flores
como tu
les llega el
gran amor
con aromas de
azahar.
Nueve veces nueve,
muchas veces se mueve
la cintura de la negra,
al Son del combo y el güiro.
¡Que se mueva,
que se mueva,
con el Son que ella elija!
Que se quiebre su cadera
al Son del Palo de Mayo.
¡Que negra más rastrera,
como tiembla su cadera!
zarandeando su trasero y
cimbreando su quimera,
La morena
¡QUE YA LLEGO!
CUANDO LLUEVE SOBRE BLUEFIELDS,
¡LLUEVE!
Caen las aguas
rásgase el cielo,
cálida lluvia en Bluefields
la Mar y la Isla del Venado.
Electrizantes
rayos
estrepitan el azul.
No canta más el gallo,
Y el fragor de los rayos
estremece a los Papagayos
que vuelan en bandadas
asustadas
sobre la selva caribeña.
Cuando llueve sobre la Mar
rómpese el dique
de Dios
sobre los mortales.
Marejadas iracundas
revientan en alta mar
sobre las velas de colores
de los pescadores.
Piérdense redes sin peces,
y en medio del terror,
se ahoga el motor
de una barca y Muere
–como mi corazón- .
La lluvia es impasible
etérea, mortal y divina.
No hay ruego posible
que calme su ira
inconmovible.
Cuando llueve en el Caribe: ¡Llueve!
Me enrosco a tu piel sin albedrío
festoneada de
colores
caracola de
río,
entreverándome en tu
piel y los huesos,
nadando en tu
sangre
savia de hojas
tiernas,
lluvia en tu
cuerpo, lluvia en tu cara.
Y hacemos un ruido suave...
cual rebote de
agua en los charcales
al deslizar nuestros
cuerpos
en afilar de
cuchillos
contra el molejón.
Bebo tu aliento sabor de humo
y carrizo
de río,
sudor
recalentado por el sol.
Olemos luego a canela, pimienta brava
a coco y a
clavo de olor.
A escarcha de estrellas
y a dulce
de miel
cuando vivimos
nuestro Amor.
Eres el oculto objeto de mi deseo
que nubla mis pensares
con tus besos de fuego.
Y tus manos diestras en devaneos
apresan mis pechos con
siseos
de lujuria, gemidos y ruegos
de ardientes amares
en grises amaneceres.
(Prosema)
¿Has sentido alguna vez
la placentera sensación
acariciante del agua
sobre tu cuerpo?
¡Esa que te llena
y palpita ondulosa
hasta volverte al revés!
hasta conocerte Toda,
¿Hasta el más íntimo
de tus secretos?
Esa misma
sensación siento
cuando me miras con deseo
y yo, en mi presentimiento,
también te deseo.
MAYO YAO, MAYO ¡YA!
Mayo remoja la tierra con sus
primeras lluvias,
Mayo significa Fertilidad.
Fermenta la caña, fermenta el lijón,
alzando las aves
el vuelo
al espejismo
del Sol.
En Mayo renace el amor y la bondad.
¡Se abre el surco, se demarcan los
suelos!
¡Llueve a cántaros, se abre el cielo!
para vivir
otro ciclo de fertilidad.
Mayo mes de la Virgen,
Mayo mes del Amor.
MAYO YAO, MAYO FALO,
MAYO VIRGEN,
¡¡MAYO ¡YA!!
CANTEN PAJARITOS A
LA MADRE MARÍA
Cantan tu nombre María
los pajaritos cantores.
Clarinetes y Colchoneras,
Palomas pataconas
y Chichiltotes,
arrullando sus huevos
al clarear del día
en sus nidos entre espinas
de un limonero.
¡Canten pajaritos cantores!
Güises, Calandrias y Gorriones.
Ya se asoman los albores
de una fresca madrugada.
¡Grazna urraca parlanchina!
Arranca tu mejor graznido,
que parezca el sonido
de una guitarra campesina
que en sus notas llora
durmiendo al niño,
al buen niño Jesús
hijito de María.
I
Hoy lavé mi
vestido blanco
para que vos,
hijo mío
recostés tu llanto.
II
Las madres somos
para los hijos
pan blanco de
tierna harina
relleno de pasas
y miel,
o pan negro
aliñado
de dulce curbasá.
III
Cuando llegue al
tope del camino
pediré vestido
de lirios
del río.
pero no me
lloren hijos míos,
porque en el
cáliz de sus flores
duermo.
MI NOMBRE ES MUJER: ¡SOY MAYANGNA!
El Río Musawás
con sus panas de colores.
Entre las rojas
heliconias
del río, los pipantes orillados
semejan cocodrilos rayados,
durmientes calados
en Bosawás.
Los niños de Musawás
cual mariposas
o ranitas acharoladas
se posan
de piedra en piedra
buscando el agua.
A mitad del río
un guapote salta,
con giros brillantes;
una lanza Mayangna
veloz lo ensarta,
por las branquias
sangrantes.
Hoy navego a Punsamuk.
Llevo pejibayes, guineos y mangos
y una colcha de tunu
para el frío de la tarde.
Voy a parir al Hijo Mío,
Sola, en la soledad de mi pipante.
Mi nombre es Mujer, ¡Y soy Mayangna!
JUAN DE SOLENTINAME
Hace más de tres mil años numerosos emigrantes de las razas azteca, maya,
chorotegas y nahuatl pasaron por nuestro territorio e
islas del Gran Lago Cocibolca donde pernoctaron y
dejaron sus estelas plenamente identificadas. Fueron ellos los primeros
dibujantes quienes desde hace miles de años (en la era terciaria) labraron sus
petroglifos sobre piedras monolíticas que en los últimos 50 años han sido
descubiertas semi-enterradas en la tierra, en las
paredes de algunas cuevas antiguamente habitadas por ellos, ocultas en la
espesura de las islas de Zapatera y de Ometepe en el Lago Cocibolca
de Granada. Nuestros ancestros esculpieron en esas grandes piedras su vida
familiar, fauna existente, sus guerras y muertes -todo plasmado con sencillos
grabados de gran significado para la posteridad-.
En la extensa lista de pintores del mundo entero ya conocidos, famosos y de
gran prestigio seguramente no están los de Solentiname,
privilegiada Isla del Lago Cocibolca. Ha de ser
porque son personas sencillas y alejadas hasta ahora del bullicio de las
grandes ciudades quienes en los últimos 15 años se están dando a conocer con su
expresividad artesanal de gran belleza en pinturas de estilo primitivista,
estilizadas esculturas esculpidas en madera de balsa o en arcilla pintadas con
intensos y vívidos colores rojo, azul, verde, amarillos y anaranjados,
predominando casi siempre un impecable y virginal color blanco en las
esculturas de aves lacustres en sus diferentes
expresiones: cuando están comiendo, parloteando, arrullando a sus pichones y
sobre todo cuando están a punto de alzar el vuelo, creándoles una plasticidad
maravillosa que las hace semejar a criaturas vivas, prestar a volar al cielo.
En este entorno y dentro de un sencillo taller en Solentiname
se reunían diariamente un muchacho de 18 años llamado Javier Pérez, otro de 15
llamado Pedro Soto y un hombre mayor de casi 80 años a quien los muchachos de
la localidad llamaban cariñosamente el “Abuelo Juan”, por su carisma de artista
detallista y humano, sentimientos que impregnaba diariamente en el espíritu de
los jóvenes a quienes instruía en el arte de esculpir y pintar bellas
artesanías y cuadros primitivistas, tal como lo estaba haciendo en ese momento.
Don Juan les decía:
-Fíjense bien muchachos como hago la combinación de colores y como los
mezclo para crear nuevos tonos más suaves o más oscuros; y combinaba rojo con
amarillo, azul con negro, lila con blanco formando lindos tonos naranja, grises
y rosados de una forma precisa y exacta en su medida.
Javier le
preguntaba:
-Don Juan- ¿y cuándo me va a dejar a mi solito
hacerlo? Si no practico no aprendo.
Juan se reía complacido de la curiosidad impulsiva
de Javier y le contestó:
-Vení muchachó, vení probá, quiero ver que tonos logras sacar para esta nueva
pintura- y siguieron combinando los colores; el maestro instruyendo y Javier
aprendiendo y Pedro observándolos concentradamente.
Fue un largo día de enseñanza
y práctica que había redundado finalmente en éxito,
pues Javier había logrado pintar un armadillo con cierta gracia y Pedro una
pequeña retratera, todo bajo la supervisión del
abuelo Juan.
Javier se
decía:
-Por lo menos hoy pinté algo yo solo, sin mayor
ayuda. Quizás mañana me deje pintar una lapa roja-.
Pedro solo
pensaba:
-Como ya me fijé bien, a lo mejor mañana me dejan
intervenir en una pintura paisajista, todo depende de cómo esté el abuelo, pues
él es muy perfeccionista en todo lo que hacemos-.
Pasaron los meses y vino el mes de Diciembre con las
fiestas al Niño Dios. Las autoridades eclesiásticas de Granada que habían
escuchado de las pinturas del abuelo Juan decidieron visitarlo en su isla para
encomendarle una pintura de la Sagrada Familia de la Madre del cielo con el
niño Jesús en brazos y su esposo José al lado, rodeados de aves, de muchas aves
semejantes a las que existían en la Isla de Solentiname.
El pintor recibió a los religiosos con mucho respeto y
aceptó el trabajo que esa misma noche comenzó a elaborar. Trabajó con verdadero cariño y meticulosidad
en el boceto de la Sagrada Familia. Llegó el nuevo día y el abuelo Juan no
había dormido nada. Se recostó en su
tijera para pensar qué es lo que le hacía falta a su pintura. La miraba y
remiraba y no lograba acertar sobre qué era lo que no lo tenía satisfecho. Miró los rostros bellísimos de la Vírgen María del niño Jesús y de San José y los notó dulces
y sencillos; vió las aves que había pintado y…. ¡¡fue
allí donde se percató de lo que adolecía su pintura!
El abuelo Juan se sintió muy atribulado con su
descubrimiento; se arrodilló para invocar al Altísimo, diciéndole: Padre mío,
ya estoy muy viejo y cansado. Como podés ver ya
terminé la pintura de la Sagrada Familia. También pinté una garzita
blanca muy pequeña y delgada para el niño Jesús pero le hace falta algo que no
logro plasmar con mi pincel. Yo quiero
hacer la mejor pintura para ellos, -María, Jesús y José-. Ayudame con este
encargo. Dicho esto, se recostó para quedarse dormido muy despacito.
A la mañana siguiente
Javier llegó al taller y notó la puerta entreabierta (cosa rara en el maestro Juan que era tan
precavido). Lo primero que vieron sus
ojos cuando abrió la puerta fue el caballete en medio del saloncito donde
pintaban, cubierto con una sábana. Lleno
de gran curiosidad la quitó con cuidado y sus ojos se abrieron atónitos al ver
tanta belleza, vida y dulzura en los rostros de la Sagrada Familia sobre todo
el rostro del niño Jesús, quien reflejaba una suave sonrisa en sus labios
viendo a la garzita de blanquísimo color que se
posaba en su pequeño brazo, misma que
tenía las alas abiertas como si fuera a emprender el vuelo hacia el cielo
azul. ¡Y en los ojos del ave se apreció
el brillo del genio!, -el brillo tan conocido de los ojos del abuelo Juan, el
pintor de Solentiname- cuya vida se había
incorporado, difuminado, impregnado con gran felicidad, en la pintura de la
Sagrada Familia.
“30 de Mayo
“ 2001: Día de las Madres Nicaragüenses
y Santa Rosa de Lima.
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Ultima
actualización: 10/06/2002