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Miguel Aragón López


 

1) Contenido

 

2) Biografía

Nació en el barrio Riguero, Managua, Nicaragua el 31 de agosto de 1962. Estudió la primaria y secundaria en el Colegio Bautista de Managua.  Inició sus estudios de medicina en 1979 en la ciudad de León concluyendo en Managua su internado en 1985. En 1999 obtuvo una Maestría de Salud Pública en Umea, Suecia.

Trabajó para el Ministerio de Salud como director del Centro de Salud de San Marcos en 1986, Responsable de Atención Primaria de la IV Región de Salud en 1987, Director General del Hospital de Granada en 1988 y Director Municipal de Salud en 1989, año que decide dejar el país pues la política degeneraba todas las cosas.

Desde 1990 hasta hoy ha trabajado en el exterior principalmente en África para el Gobierno de Mozambique, organismos internacionales como la Organización Mundial de Salud y UNICEF. Actualmente radica en Haití y se desempeña como consultor independiente.

Miembro fundador y presidente de la Asociación para el Desarrollo Cultural CAMINO. En su quehacer literario tiene un libro publicado, “Una misión noble”, testimonio sobre su experiencia en la cruzada de alfabetización de 1980 en Nicaragua, artículos y ensayos publicados, así como una novela y libro de relatos en preparación.

 

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3) Su Poesía

 

3.1) Reflexión

 

III

 

El hombre ve la bellaza

en la grandeza.

Somos megalómanos naturales,

que soñamos con la unidad

de un mundo global

cercenado por la profunda

herida ecuatorial de la supremacía.

¿Será posible recuperar un mundo

que intencionalmente destruimos?

¿Dónde está pues la belleza?

Algunos la encuentran

al disparar en pro de la libertad

aunque cada bala

hiera mortalmente la paz.

 

VI

¿Por qué deseamos estar solos?

Porque la soledad es un refugio, porque es

Una necesidad cuando la agitación nos atrapa,

Cuando la confusión de la realidad latente

Nos asesina a diario”. Honestidad, en Inevitablemente

Humano de Henry A. Petrie.

 

Y ahora busco el refugio de la soledad,

como antes en la algarabía

para escapar de mí mismo,

mis pesares, mis temores e inseguridades.

 

Ahora busco la soledad

para encontrarme conmigo mismo

y conversar de mis pesares,

temores e inseguridades.

 

Ahora gusto de la soledad,

de su compañía, paciencia

y presteza.

 

Ahora ya no sólo la busco,

la extraño más que nunca.

Sin ella me siento solo.

 

Poemas publicados en Bolsa Cultural No 169, 15 diciembre 2000.

 

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4) Su Prosa

4.1) Relatos

 

Este es un extracto de su libro de crónicas “Mozambique a pedacitos” todavía en preparación.

 

Dedicado a

María, Michelangelo y Caterina:

fieles compañeros en estos años mozambiqueños…

 


PREFACIO

 

Cuando uno no es escritor, resulta difícil expresarse usando papel y lápiz, pero más atrevido aún es intentarlo. Y eso soy yo, un atrevido, al tratar de escribir estas experiencias vividas en Mozambique, país que se transformó en mi segunda patria después de residir por más de 11 años entre sus hermosos parajes. Una tierra de “buena gente”, como se suele decir por aquí, de grandes contradicciones, de sufrimiento y explotación, de héroes y mártires, de música, pintura, escultura, poesía y narrativa, de literatura, de mucha historia, de cruentas batallas, de una gran diversidad de tradiciones, etnias y lenguas, de grandes desafíos, dentro de los cuales la consolidación de la democracia y la conservación de la Paz son los más importantes.

Mozambique ex-colonia y ex-provincia de ultramar portuguesa, obtuvo su independencia en 1975 después de una larga lucha de liberación jefeada por la FRELIMO con Eduardo Mondlane a la cabeza, asesinado a finales de la década de los años 60 con un libro bomba. Le sucedió Samora Machel, quien gobierna el país después de la independencia bajo un régimen socialista.

El nuevo Mozambique fue inmediatamente agredido por Smith –presidente de la antigua Rodesia del Sur, hoy Zimbabwe–, de forma directa atacando posiciones fornterizas, e indirectamente, organizando y apoyando la Resistencia Nacional Mozambicana (RENAMO), que a la caída de Smith, pasó a ser apoyada por el régimen del Aparthied de África del Sur. En los años 80 la guerra de la RENAMO se expandió en el país tomando control de las áreas rurales, provocando el terror en las principales vías terrestres de comunicación. Este estado de absoluto terror se mantuvo por casi 16 años.

El 14 de febrero de 1990, día de mi llegada al país, la guerra se hacía sentir hasta en las zonas peri-urbanas de las principales ciudades del país, incluyendo la capital. En ese ambiente hostil pisé suelo mozambiqueño; salía de una guerra en Nicaragua para entrar en otra.

En Mozambique las conversaciones de paz se habían retomado a inicios de 1990 con la intervención del Embajador Italiano acreditado en el país, Manfredo di Camerana, a quien tuve el placer de conocer personalmente. Este hombre incansable y paciente viajó de Maputo al Gorongosa –montaña en la región central del país que servía de cuartel general de la RENAMO– sirviendo como puente de enlace entre el presidente de la República Joaquim Chissano y el líder de la RENAMO, Alfonso Dhlakama. Afortunadamente este esfuerzo culminó el 4 de Octubre de 1992 en Roma con la firma del acuerdo de paz. Siguió a éste, el desarme de los ejércitos y la integración del movimiento armado a la vida política y civil, iniciando así una nueva era en la vida social, económica y política en el país.

Las primeras elecciones multipartidarias realizadas en Octubre de 1994 fueron ganadas por la FRELIMO, consagrándose la RENAMO como el mayor partido de oposición. Las segundas elecciones multipartidarias realizadas en Diciembre de 1999, fueron nuevamente ganadas por la FRELIMO por un pequeño margen. Las elecciones fueron declaradas libres, transparentes y justas, pero la RENAMO-UNION ELECTORAL, coalición de varios partidos de oposición, continúa a no aceptarlas.

En este período de once años de trabajo en Mozambique, y en contacto directo con las poblaciones urbanas y rurales en todas las provincias del país, tiene lugar esta serie de historias. El propósito de este esfuerzo es presentar un país tan lindo como el mío, mi Nicaragua, rico en tradiciones, cultura y arte. Espero que se sientan identificados con este territorio de sabanas, florestas, ríos, desiertos, cultura e historia, pero más que identificados con todo eso, puedan ver a su gente.


Nº 1

LA PRIMERA IMPRESIÓN

 

La cabina estaba oscura. El avión de Aeroflot surcaba los aires a velocidad de crucero y de vez en cuando se oía el timbre que algún pasajero presionaba con insistencia para llamar a las azafatas. Entre las cortinas del área donde se preparan los alimentos y las bebidas, se dejaba entrever la luz tenue que iluminaba las puertas de los baños.

Afuera, el cielo comenzó a vestirse de un rojo escarlata y las primeras siluetas de las nubes algodonosas reflejaban tímidas los primeros rayos de sol anunciando el amanecer. El vuelo de 12 horas de Moscú a Maputo con escala en Yemen del Sur llegaba a su fin. Repentinamente, los parlantes anunciaron que sería servido el desayuno y quedaban todavía dos horas de viaje.

Un colega italiano que viajaba con nosotros, y que por primera vez dejaba su tierra para trabajar en el extranjero, se levantó entusiasmado a curiosear por la ventana cautivado por el sol que emergía como hierro incandescente de las aguas del océano Índico. Sacó su cámara y disparó una serie de fotos sin importarle el número. Se giró hacia nosotros como niño con juguete nuevo diciendo en su italiano veneciano:

— ¡Che bello, non imaginavo una cosa del genere!

Reímos al ver su alegría infantil, pero la verdad es que también nosotros quedamos impresionados de la belleza del paisaje atmosférico. Pasado unos instantes, el cielo se vistió de una pureza límpida que permitía una visibilidad infinita, el horizonte parecía más lejano de lo normal. Sobrevolamos el lago Niassa custodiado por las montañas malawianas y mozambiqueñas en sus orillas, y con su color verde intenso parecía una  esmeralda gigante; el paisaje Africano nos seguía impresionando.

Por fin, el anuncio del aterrizaje llegó. Pusimos los respaldares en posición vertical, nos ajustamos los cinturones de seguridad y mi esposa me agarró de la mano en el preciso momento que el avión se sacudía al sacar el tren de aterrizaje. La vibración y el zumbido provocado por el choque del viento, anunció que el aterrizaje era inminente. Por la ventana vimos techos de zinc y de paja por millares, las casas ordenadas en cuadrados perfectos y de repente, la pista apareció como corriendo a toda velocidad. Al contacto con el suelo mi mujer y yo nos apretamos fuertemente las manos.

Salimos del avión y el impacto del viento cálido y húmedo de febrero me hizo olvidar los meses del duro invierno europeo.

— Que alivio, otra vez aire caliente como en mi tierra- dije sonriendo a mi esposa.

Por causa del frío intenso en Moscú durante los tres días en tránsito había perdido mis botas vaqueras hechas a mano en Somoto. El piso congelado de la Plaza Roja partió en dos la suela de baqueta, como si fueran un pedazo de plywood.

Pasamos los balcones de migración sin problemas, a pesar de que no sabíamos ni una palabra de portugués. Sacamos las valijas del carrusel y en la aduana nos sacaron todas nuestras pertenencias una por una. Lo más grave fue que nos detuvieron la radio grabadora que habíamos comprado antes de partir. La compramos con la idea de tener al menos un poco de distracción, ya que nos habían dibujado un África negra, y bien renegra: “Prepárense bien que allá no van a encontrar nada. No hay cines, sólo un canal de televisión, los restaurantes fano schifo, la gente es poco comunicativa, no hay buenos centros de diversión, miseria por todos los sitios y no podrán salir de la ciudad porque Maputo es una cárcel gigante por la guerra. Cortes de energía eléctrica frecuentes, servicio de agua potable inexistente, las pocas casas de cemento corroídas por el tiempo, y las pocas calles, alternadas con pedazos de asfalto y hoyos interminables.”

Más que curiosos viajamos aterrorizados a un país con tales referencias. La radio grabadora representaba nuestra supuesta única recreación y nos la habían quitado. Alegamos con los funcionarios en español que parecían comprender bien, pero fue imposible, la grabadora quedó en la aduana y debíamos regresar al día siguiente para iniciar el moroso proceso de importación. Salimos desconsolados.

Fuera del edificio nos esperaban el coordinador del proyecto y la conductora con el emblema híbrido de mano-paloma de la cooperación italiana. Fuimos recibidos con abrazos afectuosos y con las preguntas de rigor en relación al viaje. El calor y la humedad eran ahora sofocantes. Yo quedé automáticamente excluido de la conversación en italiano. Ayudado por la conductora puse las valijas en la parte posterior del Toyota Landcruser y me senté silencioso escuchando la conversación, porque después de tres meses en Italia había conseguido sólo entender el idioma y machacar algunas palabras. Los italianos hablaban casi en simultaneo, excitados; los recién llegados queriendo saber todo en un instante y los residentes tratando de responder a cada una de las preguntas.

Me sentía, más que como un pez fuera del agua, yo diría, un pez en medio del desierto, sin poderme comunicar, asustado por lo desconocido y más aún por el hecho de no estar en mi tierra.

Salimos del parqueo bajo un sol matutino candente. Pasamos los jardines del aeropuerto invadidos de hierbas y matorrales, verdes únicamente por efecto de la lluvia. Pasamos debajo de un puente del ferrocarril y topamos con una rotonda con una gran estrella acostada en el centro de un área verde y la bandera que ondeaba desteñida y deshilachada, pero orgullosa resistiendo a la intemperie de 15 años de independencia del yugo colonial. Era la Plaza Héroes y Mártires. En ella se encuentran los restos mortales de Eduardo Mondlane, nosotros lo llamaríamos “prócer de la independencia”; en Mozambique lo llaman el primer presidente de la FRELIMO, el padre de la Patria. Samora Machel, su sucesor lo acompaña cual fiel seguidor, asesinado también por sus enemigos, y como comentan muchos, traicionado desde sus filas.

En el extremo noreste de la plaza al otro lado de la calle, los restos mortales de los héroes y mártires mozambiqueños están custodiados por un hermoso mural donde fue retratada en unos cincuenta metros de pared los quinientos años de lucha de este pueblo explotado, humillado, ultrajado y exprimido por más de cuatrocientos años. El mural me inspiró confianza y me recordó los murales de la universidad, de los barrios de Managua y del parque Luis Alfonso Velásquez. De repente me sentí como un pez que estando en el desierto le echan un balde de agua. Me animé.

Circundamos la plaza girando ciento ochenta grados y entramos en el segundo desvío en dirección al centro de la ciudad por la Avenida Acordos de Lusaka. A la vuelta de la esquina comenzaron las casas maltrechas, con paredes sin repellar, con las láminas de zinc fijadas con piedras o pedazos de bloques. Un cauce por donde corría el agua pluvial y residuales de las casas aledañas, niños descamisados jugando fútbol con grandes bolas de trapo –en Nicaragua jugarían handball o baseball- en las calles polvorientas, vendedoras ambulantes, gente corriendo detrás de los autobuses luchando por no quedarse, camionetas llenas de pasajeros colgados de cualquier parte, y me pareció Managua. Ahora si me sentí como pez dentro del agua. Me pareció el Reparto Shick, la Fuente, y el Barrio Riguero antes de la Revolución con sus dos únicas calles pavimentadas y el resto de sus callejones eternos de tierra. Me sentí reconfortado y el miedo y la incertidumbre me abandonaron. Desde ese momento, me sentí como en mi tierra, y es que amigos, la pobreza es igual por doquier.

 


Nº 2

COMO EN BOSNIA

 

Ocurrió a finales de febrero de 1990, dos semanas después de nuestra llegada en Mozambique. El suceso nos tomó por sorpresa sin imaginar su proximidad. En  verdad, la comodidad y el ambiente acogedor facilitado por nuestros amigos nos habían distorsionado el sentido de la realidad en que vivíamos.

Para los colegas del proyecto por el cual trabajamos, nuestra casa, situada a unos cien metros del hospital, servía como punto de encuentro después de las horas laborales. Indrío, uno de los anestesistas, nos visitaba cada medio día, o por la noche después de alguna llamada de emergencia.

Como recién llegados, y con pocos contactos, rápidamente nos acostumbramos a las visitas de nuestro amigo anestesista. Durante la primera semana no hubo tarde o noche que no nos acompañara con su amena conversación, hasta el fin de semana que nos percibimos de su ausencia. Nos pareció extraño que ni el sábado ni el domingo nos visitara, pero no le dimos importancia pues pensamos que habría hecho planes con otros amigos.

Ese domingo pasamos arreglando nuestras cosas y ordenando la casa. Al final de la tarde tomamos un baño y antes de que cayera la noche decidimos dar un paseo en los alrededores para familiarizarnos con la ciudad y acostumbrarnos a ver del lado correcto al cruzar las calles, porque en Mozambique por influencia Sudafricana, se conduce por la izquierda.

Salimos de casa y caminamos bajo la cobertura de las de acacias que se acariciaban unas a otras con sus ramas juguetonas animadas por el viento cálido de la bahía de Maputo. Dimos la vuelta a la cuadra y llegamos al parque “Los Continuadores”, que en Cuba llamarían “Los Pioneros” y en Nicaragua “Los Carlitos”. Un parque gigante con una pista de atletismo completa pero descuidada y sin iluminación, que por las noches servía de punto de encuentro para amores prohibidos, ansiosos por libertar la pasión acumulada.

Atravesamos el parque y vimos las parejas aprovecharse de la escasa luz del crepúsculo, para fundirse en besos y abrazos ardientes. Nuestra presencia no incomodó a nadie.

Pasada una hora, la noche nos cobijó con su manto negro y prudentes decidimos regresar a casa. De lejos divisamos el jeep de Indrío aparcado frente a nuestra casa. Al entrar, nos sorprendió verlo botado en el diván con la cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados y sosteniendo un vaso de whisky. Nuestro visitante se sobresaltó cuando lo saludamos golpeando accidentalmente la mesa con sus pies.

— Disculpen el atrevimiento– se excusó haciendo un intento para levantarse.

— No hay problema –respondió María, mi esposa invitándolo a sentarse nuevamente.

Indrío tenía un aire cansado, como si lo hubiera acumulado durante varias jornadas de trabajo forzado. Las ojeras se veían pequeñas detrás de sus gruesos lentes cóncavos, y la cara grasosa con su brillo reflejaba la luz de la lámpara colgante. Aguardamos con la sospecha de que algo se traía entre manos, pero él se mantuvo callado aprovechando acabar el whisky.

      Puedo servirte otro– dije rompiendo el silencio.

Me contestó con un ademán positivo porque todavía engullía el trago de whisky. María no contuvo su ansiedad y lo abordó.

— ¿Tienes algún problema que te veo así tan abatido?

— No –dijo transpirando una sonrisa forzada–. Tuve un problema, ahora ya lo resolví.

— ¿Qué tipo de problema? si no es una indiscreción de mi parte– interpeló María.

— No hay problema, no es nada personal. Sólo que tuve un fin de semana de perros. Desde ayer al medio día hasta hace unos pocos minutos estuve en el quirófano –hizo una pausa–. Les digo muchachos que fue horrible– dijo pasando la mano sobre la cabeza.

Yo le di el vaso de whisky y me senté intrigado a su lado.

— ¿Y qué ocurrió? –preguntó María mientras Indrío bebía si trago.

— ¡Qué! ¿No leyeron el periódico?

— Y qué vamos a leer si no conocemos todavía bien el portugués. Es botar dinero –bromeé para animar el ambiente.

— ¡Ah! Entonces están fuera de contexto –afirmó poniendo el vaso vacío sobre la mesa de la sala–. Mis querido amigos, lo que les voy a contar da para película de terror.

María encendió un cigarrillo y le ofreció otro a Indrío que rechazó amablemente tocándose el pecho dando a entender que le hacía mal al corazón.

— Ayer después del almuerzo me preparaba para mi siesta vespertina cuando me llamaron urgentemente del hospital. Al inicio me enojé porque no era yo el que estaba de turno. Pero el jefe de cirugía había llamado a todos los anestesistas. Ni modo, tuve que renunciar a mi merecido descanso y salí corriendo sin imaginar lo que me esperaba; pensé que podría ser algún accidente de tránsito –Indrío se quitó los anteojos para limpiarlos con una servilleta–. Entré por la emergencia para tener una idea de la situación, y cual fue mi susto al ver las camas de observación ocupadas con pacientes malheridos, se oían lamentos, llantos y gritos desesperados. Las enfermeras corrían de un lado a otro, vi médicos sobre los pacientes más graves pinzando vasos sangrantes para detener hemorragias, y las camillas que pasaban a una velocidad espeluznante, me cortaban el camino. Otros pacientes menos graves, pero ensangrentados, aguardaban en las bancas de la sala de espera.

Nuestro amigo caviló por un momento interrumpiendo el relato.

— “Doctor Indrío”, me gritó una enfermera –dijo él lazando la voz–. “Apúrese que lo están esperando en el quirófano que hay muchos pacientes graves que aguardan. Los cirujanos de turno ya están operando, y las otras salas ya están listas”.

Los gestos de nuestro amigo eran exagerados, era como revivir esos momentos. Sus manos grandes que pasaban frente nuestros ojos auxiliando sus descripciones, me recordaron las manos exuberantes del David de Michelangelo.

— ¿Entonces fue un accidente de autobús? –pregunté atraído. Él no respondió.

María y yo quedamos intrigados, pero no quisimos insistir al verlo en ese instante profundamente deprimido. Me levanté a servirle otro whisky y vi a través de los lentes sus ojos que se humedecían.

— Fue horrible...

Indrío dejó caer los brazos pesadamente y se recostó en el diván.

— ¿Sí pero qué? todavía no consigo entender nada– exclamó María sorprendida sentándose a su lado.

— Disculpen –dijo con voz quebrada enjugándose las lágrimas con la servilleta–, es que fue una cosa terrible. Ahora que lo estoy contando me doy cuenta de la barbaridad que hicieron a esta pobre gente.

— ¿Y qué fue lo que pasó?

— No lo van a creer –afirmó–. Sólo en mi sala operamos diez heridos. Es que esta maldita guerra ya no tiene límites –dijo desconsolado–. Atacaron el tren de Ressano García agrediendo y matando a punta de machete, hacha y cuchillo a los pasajeros y mineros que venían cargados de África del Sur. Fueron más de sesenta los heridos y de estos operamos como treinta graves. Se desconoce todavía el número de los que fueron asesinados. Se dan cuenta de la carnicería. No quiero ni siquiera imaginar el cuadro tétrico en el tren, y más aun, la angustia de la gente viendo como mataban a los otros esperando su turno para ser macheteados o apuñalados. ¡Qué horror!

— ¿Y quién dio el aviso? –pregunté casi sin resuello.

— Algunas personas consiguieron escapar a Boane, a treinta kilómetros de aquí, para dar la alarma al cuartel. ¡Si fue aquí cerca a no más de 40 kilómetros! Cuando llegaron los militares al lugar del incidente, los carniceros ya se habían marchado. Además de matar y agredir a las personas, se llevaron todas las pertenencias a los mineros –Indrío se llevó las manos en la cabeza–. Pero lo que no consigo entender es que si querían robar la carga de los mineros, porqué tuvieron que cometer semejante barbarie. No era necesaria tanta atrocidad: matar, mutilar y agredir de esa manera, peor que animales. Esto es de locos. Esta guerra es una aberración. En otros ataques les han cortado las orejas, narices, labios, pechos y hasta han abierto el vientre a mujeres embarazadas. ¿Para qué? Qué salvajada, es demencia... una masacre.

 

*****

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4.2) Género Testimonio

 

Una misión noble

 

4.3) Novela Corta, inédita.

Título:            UNA CARRERA CONTRA EL TIEMPO

AUTOR:         Miguel Aragón López

 

Novela todavía en preparación y revisión.

 

(c) Miguel Aragón López. Todos los derechos reservados. Registro 01873/RLINLD/2000. Instituto Nacional do Libro e do Disco, do Ministério de Cultura e Juventude da República de Moçambique.

 

Dedicatoria:

 

A los galenos,

a aquellos que creen todavía

"que la salud es un derecho del pueblo..."

 

PRÓLOGO

Martes 25 de enero de 1994 - 5:57 p.m.

 

Los primeros colores rubicundos del crepúsculo comenzaron a teñir las nubes perezosas en el cielo azul nicaragüense, sonrosando el atrio inmaculado de la Catedral de León. Los jóvenes, todavía de vacaciones, paseaban y conversaban amenamente en el Parque Jerez y en las aceras aledañas. Las voces de los transeúntes se confundían con el trino alborozado de los zanates clarineros, buscando sus nidos, con la batahola del tráfico y con el chasquido metálico de las herraduras de un caballo jalando su carretón repleto de aserrín.

Como siempre, todas las meses del Sesteo estaban ocupados por sus asiduos clientes a la búsqueda de una refrescante cerveza, que a esa hora del día se transforma en la única excusa para hacer una pausa entre la salida del trabajo y la casa. El doctor Ramiro Avendaña, sentado en una de las mesas de tan popular local, se deleitaba observando las tonalidades de los colores de la caída del sol, mientras paciente, esperaba a su colega y amigo, el doctor Mario Vanegas. Ramiro, profesor titular de investigación en la Universidad de León, era un hombre enjuto de carnes y alto para la estatura media del nicaragüense. Los grandes ojos café oscuros y vivarachos sobresalían en su piel clara como dos castañas. Tenía la nariz grande y afilada, y sobre sus labios extremamente finos, se dibujaba una línea negra por el bigote austero que retocaba cada día.

El mesero interrumpió su momento de contemplación al verter la cerveza provocando una explosión blanca que se derramó fuera del vaso. Ramiro agradeció y estoico, esperó que la espuma bajara y vaciar por completo el contenido de la botella. Pensativo observaba el vaso frío, que comenzaba a transpirar. Vio las gotas de agua deslizarse, suaves y caprichosas hasta acumularse alrededor del fondo del vaso sobre la mesa. Controló rápidamente el reloj y arrugando el ceño, observó en lontananza para ver si localizaba a su amigo.

"Bueno, yo voy a comenzar, si no llega después de esta cerveza me voy para la casa", pensó, mientras escurría con el dedo el agua que se había condensado en la superficie del vaso.

Estaba bebiendo el segundo trago de cerveza, cuando sintió una mano en su hombro.

— Con calma jefe que nadie se la va a quitar –lo sorprendió Mario.

— Estás atrasado, yo pedí la mía porque pensé que ya no vendrías.

Ramiro puso el vaso sobre la mesa y con la servilleta de papel se limpió la espuma de los bigotes.

— Es que me atrasó uno de los estudiantes, el pobre está perdido con bioestadística, no entiende nada.

— Bueno hermano, pedí tu cerveza y no perdamos tiempo que tengo que llegar temprano a la casa.

— Siempre con las mismas historias. ¡Hey! –Mario llamó al mesero con la mano alzada tronando los dedos–, una cerveza para acá, brother. A propósito, ¿ya leíste el artículo de nuestro seminario que salió en Barricada? –preguntó solícito Mario.

— ¿Ya salió? ¿Y por qué no me dijiste antes, jodido? No ves que no tuve tiempo de leer ningún periódico hoy –le reclamó amistosamente Ramiro.

— Ni yo, sólo vi el título.

— A ver pues, leelo que soy todo oídos.

Mario sacó el periódico que tenía en su maletín, pasó las páginas rápidamente hasta encontrar el artículo y dio un sorbo a su cerveza.

— El título: "Alto índice de mortalidad infantil azota León" –dice Mario con acento solemne y la voz grave.

— Déjate de payasadas y leé rápido –lo exhortó Ramiro.

— En subtítulos: "Médicos lanzan alerta en seminario. Niños del campo principales víctimas mortales. Pobreza creciente una de las causas" –Mario lee simulando a un locutor de noticias.

Sos un payaso –le dice el amigo riéndose.

— Ahora sí: "En el municipio de León se registra actualmente una tasa de mortalidad infantil de 87 por cada mil nacidos vivos, lo cual fue considerado como una dinamita sanitaria por el grupo de investigadores especializados que ejecutaron un estudio en el último trimestre de 1993" –hizo una pausa para beber otro trago de cerveza y luego prosiguió–. "Los datos escalofriantes, mostrados recientemente durante un seminario entre médicos, enfermeras, alcaldes y dirigentes comunales en Managua, señalan que la mortalidad infantil entre 1989 y 1990 se había bajado a 44 por cada mil nacidos vivos en León....bla, bla, bla" –leyó saltando algunas líneas sin importancia.

— ¡Hombre jodido! –celebra Ramiro con satisfacción.

Mario continúa con la lectura.

— "Añade que en 1986 la mortalidad infantil, por distintas causas, era de 57 por cada mil nacidos vivos, bajón que se acentuó más en los años siguientes por el nivel de atención priorizada que había alcanzado el cuidado esmerado a niños y madres". ¡A la chocho, gancho al hígado papito! –comenta Mario con alegría.

— A ver seguí que está bueno.

— Este párrafo no dice nada, veamos el otro....Ajá, este sí. "El equipo de investigadores sostiene que este crecimiento veloz de las muertes infantiles tiene su origen en el deterioro acelerado de la vida de los leoneses, debido al desempleo de los adultos, hambre y falta de financiamiento a los productores agrícolas". ¿Cómo te quedó el ojo papá, ah? –Mario pregunta bromeando mientras pasa la página.

— Este artículo sí que está caliente –comenta Ramiro.

— Y no acaba ahí mi hermano, oí. "Los investigadores explicaron que la muestra investigativa se efectuó en ocho mil casas de la ciudad y del campo, donde encontraron situaciones dramáticas, conmovedoras, por el nivel de crisis económica que viven los leoneses".

— Perfecto –dice Ramiro satisfecho.

— Y ahora el gran final: "La cifra de 74 por cada mil nacidos vivos, como tasa nacional, es lo que acepta actualmente el Ministerio de Salud, pero también representa un deterioro acelerado en la vida infantil del país, lo cual obliga a que toda la sociedad reflexione sobre este desastre sanitario". ¡A la puta, clase cahimbazo hermano! Como dicen los mejicanos, "esto nos va a dar bronca" –reflexiona Mario.

— No se me aflija, que el que se aflige se afloja, mi hermano. Usted bien sabe que la ciencia no es una opinión. Eso fue lo que encontramos en el estudio y eso es lo que tenemos que divulgar.

— Tenés razón, lo primero es la ética científica, el resto es politiquería. Si al gobierno no le gusta, que se joda. Pero tenemos que estar pendientes de las críticas que puedan salir en el periódico los próximos días –dice Mario empinándose el vaso para sacarle la última gota de cerveza.

— Es correcto mi hermano. Vamonós que ya es tarde y en la casa me están esperando.

Mario satisfecho, dobló y guardó con cuidado el periódico con la idea de recortar el artículo y ponerlo en el mural de la oficina como trofeo del Departamento de Investigación de la Universidad, seguro que la reacción del gobierno no se haría esperar.

 

...UNA SEMANA DESPUÉS...

PRIMER DÍA

7:00 a.m.

El asalto

 

El día rompía claro, con un cielo límpido vestido de azul infinito. A las siete de la mañana el febo, a pesar de acariciar tenue, anunciaba que la jornada sería calurosa, como todos los días en el occidente de Nicaragua. En décadas pasadas, la ciudad de León se atosigaba con camiones, tractores y remolques colmados de hombres, mujeres y niños provenientes de los barrios pobres, con destino a las plantaciones de algodón, a cortar el oro blanco que enriqueció a unos pocos en aquel entonces.

Mario interrumpió la calma matinal al salir apresurado con su computadora portátil al hombro y un manojo de papeles entre las manos. Tenía prisa y se dirigía a su oficina más temprano que de costumbre. Mario provenía de una familia pobre y numerosa, el tercero de cinco hermanos. Su madre enviudó cuando apenas cumplía los seis años de edad y conservaba en su memoria una imagen vaga y borrosa de su padre. Según contaba su mamá, doña Magdalena, el padre de Mario, don Felipe, murió intoxicado durante una de las temporadas algodoneras en la hacienda "El Encuentro". Por cause de la muerte prematura del marido, ella se vio obligada a trabajar intensamente para alimentar las seis bocas de la familia: lavaba, planchaba, y cuando los hijos acababan con sus responsabilidades escolares, los mandaba a vender buñuelos, cajetas y turrones.

Mario había hecho grandes esfuerzos para acabar la secundaria, y más aún para estudiar medicina. Durante sus estudios en la facultad, obtuvo el puesto de alumno ayudante de semiología[1], que le sirvió para sostener sus estudios y luego obtener un cargo como docente auxiliar en la universidad.

La gente del barrio dejó de llamarlo "Requeneto", para llamarlo ahora doctor, y él simple como era, les recordaba que seguía siendo Mario, el mismo que se había criado en la cuartería de la Dominga, en el barrio El Calvario. El sobrenombre "Requeneto" le venía por su baja estatura y su cuerpo musculoso. Acostumbraba vestir camisas ajustadas para lucir sus vigorosos pectorales, y las mangas cortas que le hacían cintura en los brazos a causa de sus bíceps y tríceps prominentes.

Mario caminaba con presteza, pues su intención era llegar temprano al trabajo y finalizar con la información que debía presentar al Rector de la Universidad y al Decano de Facultad de Medicina en la reunión programada a las 8:00 de la mañana, ese mismo día. Aquello que sospechó desde el inicio por el artículo de Barricada, acaeció. La noticia de la investigación de mortalidad infantil había herido el orgullo del gobierno, y en particular al Ministerio de Salud. La reacción gubernamental no se hizo esperar, y tanto el Rector como el Decano de la Facultad de Medicina fueron interpelados por autoridades de salud pidiendo explicaciones del estudio realizado por la Universidad. El Rector después de las llamadas recibidas convocó a una reunión urgente con los investigadores; Mario era uno de ellos.

Para ganar tiempo en el trayecto a la universidad, Mario decidió cortar camino por el cauce del Calvario. Iba absorto en sus pensamientos, imaginando las preguntas del Rector y las posibles respuestas. El cauce normalmente era una zona poco transitada por la población y a las 7:00 de la mañana estaba más desolado. Antes de atravesarlo, se detuvo un instante para revisar uno de los documentos que había preparado durante el fin de semana y cerciorarse que no lo había olvidado en casa. Lo encontró y lo puso en medio de todos los papeles para protegerlo en caso de una caída en la bajada del cauce. Buscó el caminito socavado que la gente a veces utilizaba para ir a botar basura, y con pasos cortos, pero rápidos, descendió dando un salto para esquivar un barril plástico que se encontraba al final de la bajada. En el salto, Mario perdió el equilibrio dejando caer la computadora, pero no los papeles. Disgustado se inclinó para recuperarla, cuando en eso sintió un empujón en la espalda que lo hizo caer de bruces en el fondo lodoso del cauce.

Agarrá la computadora, agarrá la computadora. ¡Rápido, rápido! –dijo una voz ignota.

Mario instintivamente se levantó de un salto cogiendo la bolsa de la computadora por la faja que se le había enrollado en el brazo. Los papeles volaron y cayeron sobre los charcos. Sintió un jalón e inmediatamente aferró la faja de la computadora sin entender qué era lo que estaba ocurriendo. En el jaloneo recobró el equilibrio, arrebatando la bolsa de la computadora al desconocido. Al recuperarla intentó escapar, pero otra persona lo sujetó por detrás aferrándolo fuertemente para inmovilizarlo. Mario, con un movimiento felino se inclinó hacia adelante lanzando al individuo por los aires, descargándole luego un puntapié en el costado izquierdo al caer en el suelo.

El otro sujeto que había caído también en el forcejeo inicial, ya recuperado le propinó un puñetazo desmedido en la región lumbar sobre el riñón derecho, dejándolo momentáneamente sin respiración. Mario para controlar la situación dio unos pasos hacia adelante mirando desesperadamente a su alrededor para ver de cuántos asaltantes se trataban. El atacante que lo había golpeado sobre el riñón se preparaba nuevamente para otra descarga con el puño derecho, y Mario hábilmente, con un movimiento de cintura de pugilista profesional esquivó el golpe que le pasó silbando por la sien izquierda. El otro asaltante estaba aún en el suelo recuperándose de la patada. Mario aprovechó el desequilibrio del agresor al no poder acertarle el golpe, dejando el costado derecho abierto y sin protección. La experiencia de muchos pleitos callejeros en su juventud, le indicó que era el momento justo para golpear con la mano izquierda sobre el flanco derecho del contrincante. Mario, con una rapidez de peso mosca, dejó caer con toda su furia un zurdazo exactamente en la región hepática del asaltante, que cayó de rodillas gimiendo de dolor.

Al instante Mario reparó que el otro individuo se levantaba sin percatarse que en la mano derecha blandía un pedazo de leño que traía escondido bajo la camisa, pero antes de poder girarse para enfrentarlo, el asaltante ya en pié le descargó un garrotazo en la región occipital derecha que le resonó como un tablazo en sus oídos, provocándole un dolor agudo y una oscurana inmediata. Mario cayó de rodillas como un muñeco de trapo, todavía consciente, pero sin ninguna capacidad de coordinar sus movimientos. Se balanceó por dos segundos sobre sus rodillas mientras el asaltante se preparaba para otra descarga, pero en ese momento, Mario, completamente aturdido se desplomó como árbol abatido sin poner siquiera las manos para amortiguar la caída.

El asaltante para rematarlo, le dio una patada en el costado, pero Mario no se movió. El criminal agarró la computadora y con prisa ayudó a su secuaz a levantarse del suelo.

— A la puta, nos salió bravo el muchacho –dijo con la mano en el estómago todavía por el dolor.

Apurate que si no era por el garrotazo este hijueputa nos cachimbiaba, tiene una fuerza de caballo.

— Y me lo decís a mí, que me pegó un vergazo aquí, en el hígado, me sacó todito el aire, no jodás. Debería entrenar para boxeador este hijueputa –respondió recuperando el aliento.

— Ve, lo importante es que conseguimos esta mierda, vamos a vendérsela a Cuco Pelón y después nos vamos a echar unos buenos cachimbazos.

—No lo mataste, ¿verdad?

— Y yo que sé. ¿Te querés quedar para averiguarlo?

— Estás loco Mano de Punche, vamonós antes que alguien nos vea por aquí.

— Subí vos primero que yo te empujo. Dale, dale.

Los asaltantes subieron por el borde del cauce sin ver para atrás, ignorando la fechoría que habían cometido, sin importarles que Mario probablemente estuviera muerto.

 

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4.3) Artículos sobre revisión de libros

Un libro para leer y aprender

 

Durante mi corta estadía en Nicaragua el pasado diciembre, tuve el placer de visitar por primera vez el Centro Nicaragüense de Escritores. Para mi sorpresa, fue difícil escoger entre tantos títulos, pero al final, por cuestiones económicas y de peso –debía viajar–, escogí una lista reducida de ejemplares. Estar fuera, en un país de habla portuguesa y rodeado de países de lengua inglesa, hace difícil poder encontrar libros en español. Por eso, cada viaje a Nicaragua significa una inyección de libros y de literatura nicaragüense.

Con las facilidades de comunicación y la difusión del comercio vía Internet es posible comprar libros en español, el problema es que lleguen. Por ejemplo, me compré Margarita y Adiós muchachos del Dr. Ramírez por Internet, después de varios meses de e-mails con los proveedores pude al fin leerlos.

Pero bueno, hablemos del asunto que me motivó escribir estas líneas. Entre los libros adquiridos –no quiero hacer la lista de todos– “El ojo de cielo perdido” del Dr. Nicasio Urbina es el que más me ha impresionado, y me gustaría compartir con ustedes mis comentarios como lector, pues estoy lejos de ser un crítico literario.

Me llamó mucho la atención la forma clara, diáfana, breve y concisa con que el Dr. Urbina narra lo cotidiano del ser común, y llevar la ficción a los hechos reales de la vida y los hechos reales a la ficción. Tomo como ejemplo –aunque todos los relatos se prestan– “La ironía”, que según Augusto Cermeño, el autor narra la forma cómo fue asesinado su padre, el doctor Guillermo Urbina Vázquez. A ese respecto, el autor lo señala en el prólogo: “para un escritor de ficciones la vida real es el mejor espejo, su mayor fuente de inspiración; pero precisamente, por ser escritor de ficciones, es que tiene que inventarse una vida. He ahí, la gran paradoja del escritor de estas páginas…”.

Descubrir el límite entre ficción y realidad en estos relatos –si es que existe–, es una empresa difícil. Y es en ese ambiente que el autor sumerge al lector, un ambiente paradójico de realidad–ficción, ficción–realidad, y éste, en mi humilde opinión, es el más grande logro del Dr. Urbina como narrador.

Pero también en el texto es posible identificar al académico. Podemos apreciar con mucha claridad como el autor hace uso de las técnicas del buen escribir, las técnicas del cuento de las cuales no voy a entrar ahora en detalle.

Para ilustrar mejor lo que quiero decir me gustaría tomar como ejemplo la técnica utilizada en el inicio de algunos relatos. Técnica esta que desde la primera oración cautiva la atención del lector. Por ejemplo, en El corsario: “La primer vez lo sorprendí espiando en la hendija del aire acondicionado”.

En Vida y obra de Zacarías Malkiel: “Empecé a escribir la biografía de Malkiel impresionado por la calidad de su prosa y la profundidad de su pensamiento, pero nunca imaginé que aquella obra iba a determinar de manera tan radical el curso de mi existencia”.

En La ruta: “Federico necesitaba urgentemente conseguir algún dinero”.

En El camino de oriente: “Conocí a mi esposa comprando calzoncillos, una tarde de junio…”.

En Cuervos sobre el trigal: “Pobre, sin compañía, sin un amor en la vida, Pasos vagabundeaba por la calle”.

Y así podría citar otros ejemplos. Estas oraciones iniciales despiertan la curiosidad al lector e invitan a continuar con la lectura. En estos inicios, el Dr. Urbina incluye elementos como el dinero, la soledad, la muerte, el empleo, conflictos matrimoniales, etc., aplicando una dosis de intensidad que realza la acción.

No me gustaría finalizar sin antes mencionar el relato corto “La prisión”, que en su brevedad –123 palabras– consigue expresar de forma elocuente y con abundancia de significado el tema de la identidad y la libertad. Un cuento corto que reúne todas las características necesarias: breve, intenso y con un gran final.

Para concluir, quiero sólo agregar que al leer al Dr. Urbina en “El ojo del cielo perdido”, el lector no goza solamente de una agradable lectura, también aprende técnicas para el buen escribir.

 

Maputo, 08/01/2001

 

4.4) Ensayos

 

Adiós a Juan Bosch (Publicado en La Prensa Literaria, Nicaragua)

 

Miguel Aragón López*

 

En la madrugada del 1ro. de noviembre del corriente, una insuficiencia respiratoria agudo puso fin a la vida del ex-presidente de la República Dominicana, profesor Juan Bosch. El profesor Bosch es reconocido en el mundo de la literatura hispanoamericana como uno de los mejores cuentistas contemporáneos y como político el padre de la democracia dominicana.

 

Juan Emilio Bosch Gaviño nació en La Vega, República Dominicana, el 30 de junio de 1909. Inició su educación formal en Río Verde con la profesora Paquita Sánchez, quien le enseñó a las nociones básicas de lectura y escritura. A los siete años de edad ingresó al colegio San Sebastián de La Vega, dirigido por el destacado educador Fantino Falcón, donde cursó la educación primaria e intermedia entre 1916 y 1924. Siendo todavía adolescente trabajó para varias firmas comerciales en Santo Domingo. En 1930 viajó a España y leudo pasó a Venezuela, Curazao, Martinica y Trinidad. Durante ese recorrido le tocó ser desde cargador de camión hasta presentador de espectáculos en un parque de diversiones. En 1931 regresó a Santo Domingo. Allí inició los estudios del bachillerato, pero solo completó el tercer año. Ese mismo año, cuando el destacado humanista Pedro Henríquez Ureña regresó al país a desempeñar el cargo de Superintendente General de Enseñanza, le ofreció asesoría intelectual y literaria y lo introdujo en la lectura de Horacio Quiroga, Guy de Maupassant y otros maestros del cuento europeo y latinoamericano.

 

Su vida literaria se conjuga con sus intereses políticos publicando en 1933 su primer volumen de relatos titulado Camino real y, en 1936, su primera novela, La mañosa con profundo contenido social. Agobiado por la situación política creada en la República Dominicana por el régimen de Trujillo, decidió abandonar el país en 1937. Primero vivió en Puerto Rico y luego en Costa Rica, Bolivia, Chile y Caracas, pero su residencia definitiva la estableció en Cuba. En 1939 se unió a un grupo de opositores de la dictadura trujillista y fundó el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) Luego del asesinato de Trujillo, en 1961, retornó al suelo patrio y tanto él como su partido se convirtieron en la esperanza de gran parte de la población dominicana. Fruto de la confianza que depositó el pueblo en él, ganó las elecciones celebradas el 20 de diciembre de 1962. El 27 de febrero de 1963 tomó posesión como Presidente de la República, pero siete meses después, debido a su política de apertura hacia el pueblo fue acusado de apoyar a los comunista, y por esa razón derrocado por un golpe militar que lo obligó a exiliarse en Puerto Rico.

 

En 1965 sus partidarios realizan una revolución que termina con una intervención armada estadounidense. En 1966 se presenta a las elecciones, pero es derrotado por Joaquín Balaguer. En 1973 se separó del PRD y fundó el Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Bajo su liderazgo y orientación, el PLD ganó las elecciones del 16 de agosto de 1996, llevando a la presidencia, en esa ocasión, del Dr. Leonel Fernández Reina. Como candidato de este partido se presenta en las elecciones de 1978, 1982 y 1990, pero no logra alcanzar la presidencia. En las elecciones de 1996 el PLD logra ganar las elecciones, pero el candidato en este caso era Leonel Fernández. El papel de Juan Bosch en esta victoria fue crucial, pues formó la alianza "Frente Patriótico" junto a Joaquín Balaguer para impedir la victoria de José Francisco Peña Gómez (candidato del Partido Revolucionario Dominicano).

 

Juan Bosch es conocido por su narrativa social realista. Ha escrito más de 50 novelas y cuentos. Sus obras más famosas son: "Cuentos Escritos en el Exilio", "El Oro y La Paz" y "La Mañosa". La obra de Bosch no sólo es literaria, realizó grandes aportes como sociólogo e historiador en libros como: "Hostos, el sembrador", "Judas Iscariote, el Calumniado", "Dictaduras Dominicanas" y "Clases Sociales en la República Dominicana".

 

Sus escritos literarios, producidos en su mayoría durante sus años de exilio, y sus textos políticos e históricos abarcan más de cincuenta títulos, algunos de los cuales han sido traducidas al francés, inglés, portugués, alemán, italiano y holandés. Bosch es el más importante cuentista dominicano y una de las grandes voces del cuento latinoamericano contemporáneo. Figura entre los más notables precursores del criollismo y del socio-realismo literarios hispanoamericanos. Después de decretarse por la presidencia de la república 3 días de duelo nacional por la muerte del profesor Juan Bosch, sus restos descansan ahora en el cementerio municipal de La Vega.

 

04/11/2001

Port au Prince, Haiti

 

* Médico y escritor nicaragüense.

 

Referencias:

El expreso (diario dominicano).

Web site: www.escrotresdominicanos.com.

Diario Libre (periódico dominicano).

 

5) Contacto:

 

E-mail: miguelelmc@yahoo.com

 

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Última actualización: 25/03/2002

 

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[1]  Disciplina de la medicina que estudia los signos y síntomas de los pacientes para el diagnóstico.